La Fura reestrena ‘El Martirio de San Sebastián’ en una gran ceremonia artística en Valladolid

Publicado el 07/02/2019

Más de dos décadas después de su estreno, La Fura dels Baus vuelve a poner en escena El martirio de San Sebastián, la cantata que compuso el francés Claude Debussy siete años antes de morir y a la que la agrupación vuelve a dar una vuelta de tuerca para ofrecer la reivención de una puesta en escena coral. El montaje que se podrá ver el 8, 9 y 10 de febrero en el Teatro Calderón de Valladolid, uno de los coproductores del espectáculo junto con el Teatro Comunale de Bolonia y el Festival de Peralada. Ya se pueden adquirir entradas a través de este enlace.

Fue la segunda aproximación de La Fura dels Baus a la ópera, con la codirección escénica a manos de Álex Ollé y Carlus Padrissa. Como ya sucediera con La Atlántida, El martirio de san Sebastián no es una ópera al uso, o al menos no es una ópera con un hilo argumental claro y perfectamente definido. Sobre la música de Claude Debussy, Gabrielle d’Annunzio construyó un drama simbolista alrededor del misterio medieval original y de la archiconocida imagen del santo asaeteado. En tanto que simbolista, el libreto de D’Annunzio ofrecía tantas lecturas como imágenes sugestivas, y esa riqueza se traducía a la postre en el primer problema que la puesta en escena debía superar. No existía una estructura arqumental sólida, tramada a partir de personajes sobre los que elaborar una propuesta escénica lo suficientemente articulada. Por tanto, la primera decisión que se tomó con respecto a El martirio de san Sebastián pasó por la creación de una dramaturgia paralela, capaz de soportar la lectura que la puesta en escena de La Fura dels Baus quería ofrecer.

Debussy y D’Annunzio dividieron su misterio simbólico-musical en cinco partes o estancias que temáticamente se refieren a la evolución de Sebastián. Son cinco partes sin nexos de unión, como escenas de un todo, que acaban perfilando el total del soldado que acaba siendo santo. En el montaje de La Fura se incorpora un nuevo personaje, el narrador, representado por un médico, que será el encargado de diseccionar, figurativa y metodológicamente, al hombre que es Sebastián para, desde la razón de la ciencia, discernir qué es lo que lo que lo hace tan especial, tan distinto y a la vez tan igual. Se mantienen la mayor parte de las estancias, pero se establece una gran novedad: la última parte, la que se corresponde con la llegada de Sebastián al paraíso, pasa ahora a abrir la representación. Con este cambio sustancial se pretendía demorar sin solución el previsible final feliz, reforzando de ese modo la contradicción que alberga el santo, y ganar en simetría al asociar la muerte de Sebastián con la autopsia que abre el espectáculo, una especie de flashback espiritual.